No se rompió por perderlo,
sino por la forma en que decidió soltarse.
Hay gestos que no solo terminan algo,
también dejan grietas que se abren de repente,
como si alguien apagase la luz sin avisar.
Quedó con la sensación amarga
de haber sido excluida de su propia historia,
como si hubiera sido la última
en comprender lo que ya estaba decidido.
No merecía el silencio que confunde,
ni la sombra que la hizo sentirse pequeña,
temblando de dignidad.
Y mientras él se aleja,
con las manos vacías sin saberlo,
ella recupera su verdad,
su luz,
todo aquello que jamás debió entregar
en manos ajenas.
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