Ese día era diferente, pero aún no sabía porqué. Se despertó muy temprano, era consciente de que tenía mucho trabajo, pero no sabía cuál era el motivo concreto de levantarse a esa hora. Se levantó hiperactiva con ganas de hacer muchas cosas.
Empezó con su habitación, estaba hecha un desastre, pero la arregló hasta que decidió que ya era suficiente, nunca la había visto así. Luego empezó con sus cachivaches, a decorar, a arreglar cosas…
Más tarde encendió el ordenador y se dio cuenta de que él estaba allí, sin decirle nada pero al poco leyó un hola, seco, sin sentido después de tanto tiempo de ausencia. No sabía cómo seguir esa conversación y era fácil, estaba resentida, hecha pedazos, sin ganas de saber nada de él, pero a la vez se moría por saber cada detalle de su vida.
En ese momento le invadió una sensación de desesperación por verle, como la primera vez que hablaron, que se vieron y se despidieron… no podía evitarlo, era superior a ella pero estaba cansada, así que ese día estaba dispuesta a decírselo , sin dejarlo hablar, todo ese daño que le había producido conocerle se acabaría.
Así empezó, diciéndole todas las cosas por las cuales le odiaba, pero a la vez le amaba tanto y no le dejó hablar ni un segundo. No sabía cuando le volvería a ver, no sabía si ni siquiera le vería y en ese momento era lo que menos le importaba. Acabó. Él solo fue capaz de responderle con un lo siento, pero ya era tarde para que pudiera reaccionar. Apagó el ordenador sin despedirse. Se sentía feliz. Se sentía liberada.
Estuvo bastantes días sin verle, sin cogerle el móvil ni hablarle por chat ni contestarle sus cartas… quería olvidarse completamente de él y de momento le funcionaba aunque le costaba mucho ignorarlo ya que veía que cada día su desesperación por saber algo de ella crecía, veía como él nunca esperó que le pasará eso y en el fondo quería hacerle sufrir un poco antes de obligarlo a olvidarse de ella.
Pasaron un par de meses más y algo parecía haber cambiado, ¿se había dado por vencido? Le extrañó pero se alegró de saber que al fin los dos se habían liberado.
Ese día era especial. Era sábado. Hacía un sol radiante y un calor espléndido. Se despertó se dió cuenta por una nota de que sus padres no estaban y que no volverían hasta dentro de dos días así que volvió a la cama hasta el mediodía. Tocaron el timbre de su casa. Ella se extrañó, pero se dirigió hacia la puerta. Abrió. Era él. Se quedó exhausta, cómo podía ser él, se había olvidado de ella, lo hizo! Era absolutamente desconcertante, se miraron durante unos dos o tres minutos hasta que ella se decidió dejarle pasar. Una vez dentro los dos, él se giró y lo único que fue capaz de decirle fue un te quiero y he venido a quedarme. Ella paró un minuto, le miró a los ojos y pensó, estaba allí por ella, por su amor, porque no podía darle una oportunidad más… estaba dispuesto a quedarse. Le volvió a aceptar con los brazos abiertos y estaba dispuesta a volver a entrégale su corazón, pero entonces lo vio, nunca acabaría esa situación, sería continuamente lo mismo, sufrimiento. No estaba dispuesta a vivir eso con él. Se dió cuenta de que no se lo merecía. Aún le miraba a los ojos, le sonrío, le dijo que se fuera y cerró la puerta.
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