No tengo nada que decir y demasiado por explicar a la vez.
Entiendo que no siempre es el
momento para vivir las experiencias que nos gustaría disfrutar en ese instante,
pero igual que lo entiendo mi parte emocional se revela constantemente con lo
injusto que es ¿El destino es tan cruel como para ponerte delante a alguien que
sería capaz de acompañarte en tu vida y que no sea el momento adecuado?
Creo que todos siempre buscamos a
alguien que nos entienda mejor que nosotros mismos, pero hay tan pocas probabilidades
de que eso suceda que acabamos viviendo en una constante (des)ilusión. Solo me
baso en que me gustaría mirarte, que me hicieras reír, hablarte de lo mucho que
me apetece verte, de hablar contigo de la estupidez más grande que se me ocurra
en ese momento o simplemente de cómo me ha ido el día, pero la realidad es que
no puedo. No puedo porque la distancia entre nosotros se ha hecho tan grande
que no logro entender como ha sucedido y por mucho que digas, no se te da bien
gestionar situaciones complicadas.
Quiero pensar que todas tus
palabras son ciertas a pesar de que tus actos son todo lo contrario ¿tanto
valor tengo como para desaparecer? ¿esa es tu lógica? Años atrás estaría
sintiendo un dolor tan insoportable que mi mente solo estaría buscando una forma para conseguir que esta situación
fuera distinta, pero por suerte actualmente solo me inunda un sentimiento de
decepción muy grande el cual, día a día, dejas que se vaya haciendo más grande
porque es mejor huir que lidiar con cosas buenas, porque al final es tu
decisión. Eso no quita que me sienta orgullosa de mi misma porque he aprendido
a canalizar mejor las emociones hasta las que ni entiendo normalmente, pero
volvamos a ti.
Mí día a día se compone en
desconectar un cable en concreto de mi cabeza aunque no lo consigo por completo
(se queda haciendo chispas). Ese cable es el que hace que pasen los días y una
pequeña parte de ti siga en mi mente porque en poco tiempo me ilusioné, me
gustó que estuvieras cada día conmigo y abrí las puertas de par en par para
dejarte entrar a pesar de que tú digas que voy a paso de tortuga, pero te
fuiste. Te fuiste de una forma sutil con ese típico “no eres tú, soy yo” que
parece hasta de broma y por mucho que digas que tienes ganas de verme, de saber
de mi como hacíamos antes o hacerme reír creo que los dos sabemos que eso se ha
pasado, que a mí las lágrimas y el enfado me abruman a veces mientras que ti se
te da mejor que a mi desconectar la mente. Después hago millones de cosas para
no estar pendiente del móvil ni una sola vez, pero… ¿a quién quiero engañar?
Hablamos poco de emociones, de las cosas que no sentimos y de las que sí aunque
contigo es curioso porque a veces lo hemos hecho. Siento asustarte, que no
sientas que soy alguien especial por quien intentar mejorar las cosas que dices
que no te gustan de tu vida y siento perder la dignidad de esta forma, que no
soy capaz de decirte a ti todo esto y lo acabo plasmando en puto blog.
No paro de repetirme que no te
conozco, NO TE CONOZCO DE NADA, ni tan
solo sé si quisiera tener una algo más contigo, pero sí sé que no quería que
desaparecieras y, a pesar de que no moriré de pena, es bastante doloroso quizá
por ti o quizá porque proyecto en ti todo el dolor que he sentido durante años
en situaciones por el estilo.
Quisiera que dejarás de decirme
todo lo que quieres conmigo porque es irreal, aunque sea en contra de mi
voluntad que dejarás de escribirme para que no se hiciera tan cuesta arriba
esta decisión, quisiera no tener que llegar a mi límite para que no pensarás
que soy una pesada y quisiera que se solucionaran todos tus problemas para poder
descubrir que sucede entre nosotros. Duele mucho echar de menos, duele mucho
querer y no poder, duele mucho una decepción.
Pero la realidad es otra muy
distinta y no me queda otra que, día a día, asumir que tú eres el que no tiene
nada claro y a mí se me escapa de las manos.
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