Una noche de verano apareciste tú con esas pocas ganas de enamorarte,
esos problemas escondidos en el maletero del coche
y esa sonrisa deslumbrarte que hacía que se parara el mundo.
Nada más verte supe todo lo que iba a conllevar esa sonrisa,
todos los quebraderos de cabeza que iba a tener
y aún así me quedé ahí,
para ver en poco tiempo lo que ya sabía desde el principio,
pero gracias a eso vuelvo a escribir para soltar,
vuelvo a escribir para reír.
Y entonces,
una noche de otoño vi fotografías bonitas en Instagram
que me llevaron a conversaciones llenas de seriedad, sentimiento y diversión,
que me hacen salir a correr contenta día a día,
que empiezan ha hacerme sentir que este es un sentimiento correcto,
bonito de conservar...
que hacía tiempo que no tenía esta sensación
y me asusta un poco.
[el no gustar(le)]
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