Hay días en los que la apatía me pesa como si llevara una piedra en el pecho.
No duele fuerte solo está ahí, apagándolo todo.Y aun así, en medio de este silencio que no sé mover,
hay una ausencia que me sigue latiendo.
Echo de menos la vida que imaginé,
las pequeñas cosas,
lo cotidiano,
lo que parecía tan simple y ahora se ha vuelto imposible.
Sigo deseando flores,
quizá porque en ellas encuentro la promesa
de que algo puede volver a brotar incluso después del invierno.
No sé cómo ordenar lo que se rompió alrededor,
ni si el tiempo será puente o distancia.
Pero en medio de todo,
hay una parte de mí que insiste en creer
que la vida vuelve,
que la luz regresa.
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