Ya no soporto quererle en estas condiciones.
Es como abrazar un recuerdo que aún respira,
como sostener un vaso lleno de agua temblando entre las manos.
No sé si es odio o cansancio,
o si mi corazón solo intenta recomponer su propio pulso.
Duele, sí.
Duele porque hubo un tiempo en que su risa calmaba mis tormentas,
y su voz bastaba para que el mundo se detuviera un momento.
¿Dónde quedó todo eso?
A veces creo que se perdió entre las rutinas y los miedos,
pero otras… siento que sigue ahí,
esperando a que volvamos a mirarnos con la misma ternura
con la que empezó todo.
Tal vez este no sea el final,
sino una pausa en mitad del naufragio,
un respiro antes de volver a encontrarnos,
más sinceros, más humanos,
con un amor que ya aprendió a no doler tanto.
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