Mi padre fue mi primer refugio y mi primera herida.
De él aprendí a querer fuerte y a callar aún más fuerte.
Me dio amor, aunque a veces doliera.
Me dio fuerza, aunque viniera envuelta en maneras que me marcaban más de la cuenta.
Y aun así, cuando pienso en él, siento algo profundo, una especie de raíz que nunca se rompe.
Hoy, en su cumpleaños, quiero decirle que le quiero.
Que sigo sanando, pero que estoy aquí.
Que, a su manera, siempre ha sido hogar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario