A veces imagino
un refugio que aún no conozco,
un rincón donde mi alma pueda sentarse
sin prisa,
sin juicio,
como si alguien supiera escuchar incluso lo que no digo.
No es deseo, ni espera.
Es una intuición quieta,
como una luz a lo lejos
que parece prometer que un día,
habrá una mirada capaz de entender mis silencios.
Hasta entonces,
me abrazo despacio,
aprendiendo a ser hogar
[para lo que siento].
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