Es experta en encender,
pero no lo intenta,
sucede.
Camina dejando miradas,
palabras que no prometen,
gestos que se quedan viviendo
en otros pechos.
No recoge nombres.
Sabe que algunos confunden
la luz con destino
[y el vértigo con amor].
Ella sigue.
No por crueldad,
sino porque no sabe apagarse.
No es su culpa
si otros se sienten atraídos
por lo que solo era verdad.
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