No sabía que lo que dolía así de fuerte,
así de incontrolable,
era el abandono.
No llega haciendo ruido,
llega quitando presencia,
respuesta
y lugar.
Es darte cuenta
de que ya no te sostienen
donde tú aún te quedas.
Es hablar hacia dentro
porque afuera ya no hay nadie.
Y entender, demasiado tarde,
que no siempre te rompen al irse;
a veces te rompen
dejando de estar.
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