Me construí de capas
como quien no sabe
que el refugio
también puede ser jaula.
Cada decepción,
un muro más.
Creyendo que era fortaleza,
y no era más que miedo
bien colocado.
La armadura brilla,
sí.
Pero por dentro raspa.
Por dentro llevo años
sangrando despacio,
con una elegancia
que nadie me pidió
y que yo misma me exijo
sin recordar ya
para qué.
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