Hay ausencias que hacen ruido,
aunque todo permanezca en silencio.
La tuya está en los rincones,
en los lugares que todavía te buscan,
en las pequeñas costumbres
que no saben que ya no estás.
Qué difícil es aceptar
que alguien que ocupaba tan poco espacio
en el mundo
pudiera llenar tanto el mío.
Me quedan las caricias que no volverán,
los momentos que entonces parecían cotidianos
y que ahora daría cualquier cosa
por poder repetir una vez más.
A veces pienso
que debería haber más tiempo,
más tardes,
más ronroneos,
más vida para compartir.
Pero el amor no entiende de despedidas
y el mío sigue buscándote
en cada lugar donde alguna vez fuiste feliz.
No sé muy bien qué hacer
con todo lo que todavía tengo para darte.
Quizá por eso te escribo,
porque hay amores que no saben terminar
y porque, aunque ya no pueda encontrarte,
hay una parte de mí
que seguirá sintiéndose en casa
allí donde estés tú.
Qué suerte haberte tenido, Ciro.
Qué injusto que tenerte
no pudiera durar para siempre.
Te quiero.
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