Fuego

Estábamos los dos rotos y desgastados 

con ese fuego interno tan característico convertido en brasas

porque el resto del mundo se empeña en apagarlo,

pero nadie recuerda que las brasas siempre vuelven a prender con un poco de ayuda

y quizá solo nos tenemos que dar aire el uno al otro 

para volver a ser fuego. 

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