Risas entre cervezas,
conversaciones eternas pasando frío por ser completos idiotas,
paseos largos hasta perder la noción del tiempo
sin leernos la mente,
pero llevándonos a acercarnos un poco más
con besos eternos como si volviéramos a nuestra adolescencia.
Sin embargo volvemos al juego de la incertidumbre.
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