aunque a veces me haya dolido creer.
Creo en los encuentros que llegan sin ruido,
en las manos que no aprietan,
en las miradas que eligen quedarse
sin miedo y sin prisa.
He aprendido a esperar un amor que no me pese,
que no me ate,
que no me haga dudar de quién soy.
Quiero un amor que sea hogar,
no refugio temporal.
Que me mire con calma,
que me cuide sin condiciones.
Y mientras llega,
me quedo conmigo,
aprendiendo a ser hogar,
aprendiendo a amar bonito,
antes de volver a ser refugio de nadie.
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