Me abrazo con todas mis heridas,
las que arden y las que laten suavemente,
las que guardan miedo y las que guardan amor.
Me susurro que soy suficiente,
que merezco ternura, paz y alegría.
Cada latido es fuego que me sostiene,
cada lágrima se convierte en fuerza,
cada suspiro me acerca a mi luz.
Cada vacío que sentí me recuerda
que puedo sostenerme.
Me abrazo,
y me encuentro en la dulzura de lo que soy,
descubro mi voz, mi mirada, mi risa.
Aprendo que mi corazón
no necesita permiso para latir fuerte.
Dejo que mi amor por mí misma crezca,
se expanda y se haga infinito,
como un río que encuentra el mar
y se funde con él, eterno y libre.
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