No me disculparé por intentar recomponer
lo que rompiste,
por recoger los pedazos que quedaron esparcidos,
por abrazar las grietas que dejaste en mí.
No me disculparé por llorar en silencio
por noches en las que tu ausencia dolía más,
ni por buscar en mi propio corazón
la ternura que no supiste dar.
No me disculpo por reconstruirme,
porque en cada fragmento que junto,
en cada latido que vuelve a ser mío,
aprendo a quererme.
Y aunque ya no estés aquí,
mi corazón sigue latiendo,
llenándose de ternura propia,
aprendiendo a ser mi propio refugio.
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