Me dijeron que no eras para mí,
yo que nací para desobedecer destinos ajenos.
Que lo nuestro no tenía forma, ni permiso, ni camino,
pero mírame,
aprendí tu nombre como se aprende un incendio.
Me dijeron que eras error,
y yo te volví elección.
Que eras tormenta,
y yo aprendí a bailar bajo tu lluvia
sin buscar refugio.
Porque hay amores que no piden bendición,
piden coraje, piel y latidos tercos,
y yo, que nunca supe seguir señales,
te seguí a ti.
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