Hay amores que aplauden tu risa,
que se acercan al ruido de tu brillo,
y hay otros que se quedan sentados a tu lado
cuando ya no tienes ganas de explicar nada.
El amor real no despierta con canciones,
no se sostiene de gestos que deslumbran;
nace en el silencio compartido,
en dos respiraciones que no necesitan palabras.
Amar de verdad es quedarse
cuando no hay espectáculo,
cuando solo eres tú,
descalza de promesas,
habitante de tu forma más honesta de existir.
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