Anoche me dolió el pecho
sin saber por qué.
Luego entendí que algunas promesas
no se rompen de golpe,
se pudren despacio.
Las guardé con cuidado,
como si todavía sirvieran,
como si aún pudieran sostenerme,
y cuando quise creerlas
ya no respiraban.
Pero creo que un día
el corazón aprende a soltarlas
sin ruido,
en silencio.
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