No es que no sepa amar.
Es que no sé obedecer
lo que el corazón no reconoce.
Soy incontrolable
porque amo sin jaulas,
porque no me quedo
donde el amor no se entrega.
Quien me quiera tendrá que hacerlo despacio,
con manos sinceras
y el corazón despierto.
Porque no sé rendirme,
pero sí sé entregarme
cuando el amor es verdad.
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