Me quedo con quien cuente mis lunares uno por uno,
los una con los dedos y los convierta en constelación,
como si mi piel fuera su cielo favorito
y su mirada, el único mapa que sabe volver a mí.
Me quedo con quien aprenda a leer mis silencios
como estrellas que hablan,
quien encuentre en cada sombra un hogar
y en cada risa, un refugio que no se agota.
Me quedo con quien haga del detalle un idioma,
del roce una promesa,
y del tiempo juntos,
un universo donde siempre quiero regresar.
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