Serías otra cuando te amaras
con la misma intensidad
con la que hoy te juzgas.
Cuando tus manos fueran tan suaves
como ahora son tus críticas,
y tu corazón tan generoso
como tu mirada exigente.
Cuando cada error encontrara
comprensión en lugar de culpa,
y cada caída fuera abrazo
en vez de reproche.
Entonces aprenderías
a ser tu propio refugio,
a mirar tus días con paciencia
y a reconocerte digno de cuidado,
como siempre soñaste recibir.
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