Es difícil intentar dormir
cuando la mente no calla,
cuando el silencio de la noche
solo le da más espacio al ruido.
El cuerpo pide descanso,
pero los pensamientos
se sientan en el borde de la cama
a seguir hablando.
Y una se queda ahí,
con los ojos cerrados
y el alma despierta,
deseando un poco de silencio
dentro de sí.
Porque no es insomnio,
es sentir demasiado tarde,
demasiado hondo,
cuando el mundo
por fin se quedó quieto.
Y aun así,
me abrazo como puedo,
me prometo bajito
que mañana dolerá distinto.
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