Te imaginé volviendo en blanco y plata,
con la palabra exacta
con la palabra exacta
y el valor que no tuviste a tiempo,
rompiendo el frío muro que nos mata,
venciendo, por una vez, a todo miedo.
Te vi hablando a mis sombras,
contándole a mi mundo tus verdades,
jurando que por fin me ganarías.
Quise que fueras héroe de mi historia,
ese gesto que lo cura todo,
limpiando la memoria del pasado
para salvarnos juntos, de algún modo.
Pero el silencio terminó siendo casa,
y el horizonte sigue estando vacío.
Comprendo, mientras el tiempo me atraviesa,
que lo nuestro vivía de mi fe.
El error fue el pincel con que te hice,
el óleo de mi afán y mi fantasía;
busqué un milagro que nadie pronuncia,
una épica que solo era mía.
Me quedo con el brillo
de lo eterno
que inventé
para ti en mi soledad,
aceptando este invierno tan interno,
esta verdad que aprendí sin querer.
No vendrás en caballo,
porque el amor real no es de cristales;
y yo me iré rompiendo en los espejos
de la historia que me conté sola.
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