No es una estación que pasa,
es un invierno que se ha quedado a vivir en los pasillos,
es un invierno que se ha quedado a vivir en los pasillos,
donde ya nada duele,
ni nada llega a hacer sentir.
Me muevo como quien camina por una casa abandonada,
reconociendo las cosas,
los ecos, acariciando las paredes...
sabiendo que todo quedó vacío
y se dejaron las luces encendidas para disimular la ausencia.
Mi pecho es un jardín de estatuas de mármol,
que alguna vez fueron flores,
que alguna vez fueron gritos
y ahora solo son formas frías que el viento no puede mover.
Estoy aquí, presente en el envase de mis días,
habitando este hueco donde antes hubo música,
aceptando que a veces la única forma de seguir
es dejarse morir un poco por dentro
hasta que el alma decida, si es que quiere,
volver a nacer.
Y mientras ese día no llega,
me siento a mirar cómo la escarcha
dibuja formas lentas sobre el mármol.
No hay comentarios:
Publicar un comentario