Te expliqué mis heridas,
abriéndome de par en par,
esperando que supieras tenderme la mano.
Te hablé de las manos que dolieron,
de las palabras que se quedaron como sombras,
con la fe ingenua de que tú serías mi cobijo.
Pero a veces
quien escucha el pasado no aprende a cuidarlo,
solo aprende a repetirlo.
Y así, sin quererlo,
mi historia te inspiró.
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