Me parece curioso,
cómo quien rompe algo
después se duele del ruido.
Se encierran en su propio dolor,
mientras los restos quedan afuera.
Confunden culpa con orgullo,
y responsabilidad con ataque.
Al final,
el que soportó en silencio
lleva la memoria del daño
como una herida que nadie ve.
Pero lo que más duele
no es la traición,
sino que la vida siga
y ellos no lo recuerden.
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