El corazón no se detiene por falta
de pulso
sino por el peso de las promesas
que nunca echaron raíces.
Se cansa
no de latir, sino de creer a ciegas,
de inventar puentes sobre abismos
donde el otro lado siempre está desierto.
Se agota de perdonar,
de recoger los vidrios rotos del mismo suelo
limpiando la sangre con las manos desnudas,
aunque parezca que no importa
cuando en realidad cada herida resta un gramo de luz.
Y sobre todo se fatiga de esperar,
de habitar la estación de los imposibles
viendo pasar trenes con nombres que no llegan
mientras el tiempo se vuelve una soga
y la esperanza un ancla que impide el vuelo.
No es que tu corazón se haya
vuelto frío,
es que ha entendido que la paciencia también tiene estaciones,
y que incluso el músculo más fuerte
sino por el peso de las promesas
que nunca echaron raíces.
no de latir, sino de creer a ciegas,
de inventar puentes sobre abismos
donde el otro lado siempre está desierto.
de recoger los vidrios rotos del mismo suelo
limpiando la sangre con las manos desnudas,
aunque parezca que no importa
cuando en realidad cada herida resta un gramo de luz.
de habitar la estación de los imposibles
viendo pasar trenes con nombres que no llegan
mientras el tiempo se vuelve una soga
y la esperanza un ancla que impide el vuelo.
es que ha entendido que la paciencia también tiene estaciones,
y que incluso el músculo más fuerte
necesita dejar de luchar [para
poder sobrevivir].
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